Regresas a tu hogar, tu ascendiente está en silencio, te mira con un brillo, expectante. No debiste gastarlo todo, le increpas. Yo no eres un niño, fue muy irresponsable de tu parte. Afuera, las calles empiezan a vaciarse, ya no se escuchan tantos automóviles ni autobuses urbanos. Tu procreador sonríe, abre el refrigerador, se sirve un vaso de leche.

            Estábamos sentados en la banca del parque. Tú eras mi hijo y yo era un hijo de puta fingiendo saberlo todo. Uno nunca sabe lo que es ante los ojos de un niño. Perdóname si no fui a la cena de tu graduación. De cualquier manera sigo siendo tu padre, lamento no ser un adulto ejemplar. Al jade se le considera una roca ornamental, es una piedra metamórfica. Entiendo todos tus motivos, le has dicho.

            ¿Recuerdas cuando te enseñé a andar en bicicleta? Todos los niños de nuestro fraccionamiento aprendieron antes, tardaste varios días en poder andar de prisa, subir y bajar escaleras, soltar los manubrios. Hicieron un club de bicicletas, subieron cerros, nadie salió herido. El bigote de tu padre sigue siendo poblado, ha acumulado grasa abdominal, no sabe andar en bicicleta.

            La más joven de esta historia está reconsiderando la posibilidad de posar desnuda para una página en la red mundial. Nuestro artista ha terminado la colección. Tu madre está haciendo la serie prannayama. En la calle principal de la ciudad hay poca gente andando, en los cafés sólo están ocupadas un par de mesas. Mientras tu viejo habla, Diamante se ha echado a sus pies, lo escucha con atención.

            Sin ánimos de ofender pero fuiste un niño torpe, no sobresaliste en nada, igual siempre te quise, tampoco te metías en problemas. En un bar de la calle principal están sacando las mesas a los balcones de la planta alta. En el semáforo una joven y un camarógrafo entrevistan a los conductores mientras hacen el alto. Ella acaba de comprar El libro del zapato, su abuela sabía de qué iba el mundo de la costura y adoraba las perlas, la moda es un arte, piensa mientras lee las líneas de su nuevo libro.

            Tu padre está hablando en un mismo tono de voz, en el mismo nivel de expresividad. Es sordo de un oído. Lo lamento hijo, lo único importante en esta vida es el cambio, permanecer es morir, ha dicho el más viejo de esta historia. El sol tiene la extensión de un pie humano, ha dicho Heráclito.

Estoy harta de no tener dinero, triste también por no trabajar tanto como quisiera, mi piel ya no es la misma de antes, está escribiendo la modelo en un diario virtual privado. El dinero se termina siempre antes de lo que uno espera, la química farmacéutica diseña estados de ánimo placenteros, la vida de un jubilado es como volver a ser niño a destiempo, ha dicho tu padre en esta retahíla de creencias y sensaciones. Tú estás sentado en una banca de madera en la plaza. Torrance está golpeando la puerta con una hacha. Siento como si una nueva vida me estuviera esperando, recuerdas las palabras de tu progenitor; piensas en su cara antes y después de su regreso; no albergas ningún resentimiento, incluso te entusiasma verlo y tenerlo en casa. Diamante orina en un poste.

            Regresas a tu hogar, tu ascendiente está en silencio, te mira con un brillo, expectante. No debiste gastarlo todo, le increpas. Yo no eres un niño, fue muy irresponsable de tu parte. Afuera, las calles empiezan a vaciarse, ya no se escuchan tantos automóviles ni autobuses urbanos. Tu procreador sonríe, abre el refrigerador, se sirve un vaso de leche.

            Estábamos sentados en la banca del parque. Tú eras mi hijo y yo era un hijo de puta fingiendo saberlo todo. Uno nunca sabe lo que es ante los ojos de un niño. Perdóname si no fui a la cena de tu graduación. De cualquier manera sigo siendo tu padre, lamento no ser un adulto ejemplar. Al jade se le considera una roca ornamental, es una piedra metamórfica. Entiendo todos tus motivos, le has dicho.

Nuestra deidad de los ríos era alabada y temida a la vez, podía beneficiar a los hombres con el nacimiento de ríos y lagunas, pero a la vez, podía ahogarlos si así lo deseaba. El escultor escudriña la primera pieza de la nueva familia de objetos. Pasa las yemas de los dedos por esas líneas finas talladas en piedra, observa el brillo del jade, la turquesa pulida: Una pieza sólida y sutil, piensa. Tú has terminado de hablar con tu madre, escuchas esos sonidos a partir de las leyes de Gauss regidas por el principio de incertidumbre. La presencia del sujeto acromático irrita, desagrada, desconcierta; su presencia ensombrece cualquier nitidez. Sus ropas están desgastadas, no parece ser de por aquí, inclusive resulta casi imposible imaginar de dónde viene.

Pieza!

Debo irme, anuncia la modelo. Está bien, le dice. Caminan juntos a la salida, suben a su auto, maneja hasta tu edificio. Fue agradable, articula la joven. Para mí también, responde él. Se despiden con un hasta pronto. Te observa subir algunas escaleras, abrir una puerta. Piensa en su siguiente pieza. 

Posar desnuda!

Él se sirve un whiskey con hielos. Sales a comprar algo para cenar. Necesito más dinero, piensas. Jamás posaré desnuda, piensa ella. Es imposible bañarse siempre en el mismo río, piensa él. Es imposible ponerse borracho dos veces de la misma forma, dice en voz baja nuestro escultor. El problema con todo lo dicho sobre Sócrates es que pudo haber sido tergiversado. En la pasarela la retratan con un seno de afuera; gajes del oficio, piensa.